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¿Quiénes están detrás de Galinsoga Estudio?

(O cómo sobrevivir más de 20 años sin matarse)

 

Detrás de Galinsoga Estudio están Noelia y Luis.

Se conocieron en 2005 en las aulas de un curso de diseño gráfico, en una época en la que diseñar era pelearse con monitores de tubo y amar FreeHand con devoción. Desde entonces han pasado más de dos décadas en las que no han dejado de actualizarse con cada nueva tecnología, pero manteniendo intacta la esencia artesanal con la que aprendieron el oficio.

Su amistad ha sobrevivido a todo: épocas mierda-culo, temporadas de «necesito espacio, por favor, no me hables», altibajos de manual y la sana  costumbre de volver a llamarse como si no hubiera pasado ni un solo día. Físicamente nunca llegaron a compartir un taller: la realidad es que Noelia montó su propia imprenta y Luis colaboraba como su diseñador en la sombra, sacando proyectos y apagando fuegos desde el ordenador. Cero postureo y cero cafés de oficina; lo suyo siempre se ha gestionado a base de audiodramas kilométricos por WhatsApp a deshoras.

Tras más de veinte años trabajando en la distancia, por fin han decidido liarse la manta a la cabeza y montar este proyecto mano a mano: Galinsoga Estudio.

En plena fiebre por pulsar un botón para que un algoritmo genere un dibujo clónico y sin alma, en Galinsoga se defiende el trabajo manual: trazar a medida, meterle horas a una ilustración propia, tocar los materiales en el taller y cuidar cada acabado. Si un producto sale de aquí, ha sido pensado, diseñado y estampado por manos humanas de principio a fin, nada de IA.

Pasad, cotillead la tienda y sentíos como en casa. Eso sí, nada de audios de diez minutos por mensaje, que de esos ya tienen el cupo cubierto entre ellos.